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Lutero: su defensa del evangelio en Worms

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¿Sabía usted que…

…en la dieta de Worms Lutero defendió el evangelio ante las autoridades máximas del imperio a riesgo de ser ejecutado?

Entre 1518 y 1519 Martín Lutero defendió su postura teológica en distintos debates (disputatio). Heidelberg, Augsburgo y Leipzig fueron sitios en los que el reformador expuso su fe frente a representantes de la postura romana. La estrategia de sus oponentes era asociar a Lutero con viejas herejías ya condenadas. La tensión iba en aumento. Lutero iba ganando adeptos en el frente político, y muchos en Alemania se apoyaban en él para sus reclamos nacionalistas. La unidad del imperio se iba poniendo en riesgo. La bula papal Exsurge Domine emitida por León X en junio de 1520, y que lo amenazaba con la excomunión, había sido quemada por él en público. Una segunda bula, Decet Romanum Pontificem, promulgada en enero de 1521, directamente lo excomulgaba.

Alemania por ese tiempo formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. Este inmenso imperio, que incluía la recién descubierta América, tenía un nuevo y joven emperador: Carlos V. Éste no podía quedar indiferente a la situación que Lutero estaba generando en el frente religioso y político. En 1521 el emperador y todos los dignatarios del imperio se habrían de reunir en Worms, Alemania, para debatir varios asuntos, entre los cuales estaba la cuestión de qué hacer con el rebelde monje alemán.

Hubo mucha correspondencia previa acerca de qué estrategia usar desde ambos lados, entre partidarios y oponentes del reformador. Para Lutero era muy importante que su posición fuera conocida en el foro político más importante de sus días. La estrategia de los oponentes era que el reformador comparezca en la dieta y cuente con una sola opción: retractarse de sus enseñanzas. En última instancia, un siglo antes otro teólogo, Juan Hus de Bohemia, había terminado en la hoguera por desafiar el poder papal. Acusar a Lutero de ser un husita redivivo alcanzaría –así pensaban- para acallar al teólogo de Wittenberg. Pero acallar a Lutero sin antes escucharlo, provocaría una insurrección. Por eso, se le daría una chance de comparecer y escucharlo.

Lutero arribó a Worms el 16 de abril con un salvoconducto que lo amparaba. El gran emperador, heredero de rancias dinastías, estaría cara a cara frente a un monje que se sostendría en la palabra de Dios. Como dice un historiador, “allí se enfrentaban el pasado y el futuro”. Lutero fue conducido ante una pila de sus libros y se le preguntó si eran de su autoría, a lo que respondió afirmativamente. Un funcionario de nombre Eck, le preguntó si estaba dispuesto a defender lo que había escrito en ellos o si estaba dispuesto a
rechazarlos en parte. El reformador sabía que estaban en juego las palabras de Cristo: “Al que me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi padre”. Pidió tiempo. Luego de un debate se le concedió un día más para dar su respuesta.

Lutero en Worms

Lutero en Worms

Al día siguiente, Lutero volvió a comparecer. Frente a la misma pregunta, se refirió a sus libros dividiéndolos en tres categorías: los que exponían la fe y la moral de manera clara y sencilla, los que atacaban al Papa y sus excesos y los que se dirigían contra algunas personas privadas. Revocar, retractarse, sería negar el evangelio, convalidar la tiranía. Si había algún error en ellos, debían testificar contra él. Lutero estaba dispuesto a retractarse si alguien lo convencía por medio de las Escrituras de algún error. Pero la dieta no estaba preparada para un debate. Quería una respuesta breve, contundente.

Lutero respondería con palabras que siguen resonando aún hoy: “Si me convencen mediante testimonios de las Escrituras o por un razonamiento evidente (pues no creo al Papa ni a los concilios solos, porque consta que han errado frecuentemente y contradicho a sí mismos), quedo sujeto a los pasajes aducidos por mí, y mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, puesto que no es prudente ni recto obrar contra la conciencia”. Otra versión de los hechos pone en boca de Lutero también estas palabras: “No puedo proceder de otra manera, aquí estoy, ¡que Dios me ayude! Amén.”

Colaboración: Profesor Antonio Schimpf

Nota publicada en “El Nuevo Luterano”, Enero-Febrero de 2016

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